jueves, 20 de marzo de 2014

¿Qué hacemos en nuestra Biblioteca?


                                                                                                            Por David Morán


 
     Desde el Colegio Integral El Manglar, a través de su Biblioteca “Miguel Otero Silva” se promueven actividades recreativas y formativas orientadas a brindar herramientas pedagógicas e integrales a nuestros alumnos.

     Pretendemos desarrollar la lectura, la escritura y el arte en general, durante todo el año escolar, tanto en los horarios propios de biblioteca como en los momentos libres y recreos, atendiendo a los siguientes objetivos básicos:

 -          Lecturas grupales e individuales de narraciones (cuentos, fabulas, leyendas), poemas, ensayos,  con la finalidad de promover el conocimiento de los diversos géneros literarios y la lectura. (Participan todas las secciones).

 -          Lecturas grupales e individuales de narraciones de tipo didáctica (fabulas, mitos, leyendas y cuentos) con la finalidad de  identificar los valores y fortalezas que sobresalen de los personajes. (Participan todas las secciones)  

-          Lecturas grupales, clases y contrastes de opiniones con la intención de formar a nuestros alumnos en temas relacionados con las principales técnicas de investigación, la elaboración y redacción de fichas y resúmenes, la elaboración de citas, el conocimiento de reglas y normas básicas para la redacción de monografías y otros trabajos escritos. (Participan desde tercer grado de básica hasta bachillerato).   

 -          Realizar el programa mensual de formación de lectura y difusión literaria conocido como la Semana de la Palabra,  actividad creativa, cuya temática puede ser dedicadas a la poesía, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo, la canción o cualquier otra expresión artística que se manifieste a través de la palabra y cuyo vehículo de transmisión sea un libro.

-          Incentivar la escritura y el desarrollo de la imaginación a través de la redacción de textos literarios y la elaboración de dibujos sobre los diferentes libros leídos.

-          Promover la escritura y la creatividad a través de concursos literarios y artísticos.

      Desde la Biblioteca “Miguel Otero Silva” extendemos la invitación a padres y representantes, docentes y comunidad en general, que quieran sumarse a estas actividades.
 
 

jueves, 6 de marzo de 2014

3° Cuento del Concurso ¿Cuánto cuento comprendiste?


La rosa más bella del mundo (Hans Christian Andersen)

Erase una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían las flores más hermosas de cada estación del año. Ella prefería las rosas por encima de todas; por eso las tenía de todas las variedades, desde el escaramujo de hojas verdes y olor de manzana hasta la más magnífica rosa de Provenza. Crecían pegadas al muro del palacio, se enroscaban en las columnas y los marcos de las ventanas y, penetrando en las galerías, se extendían por los techos de los salones, con gran variedad de colores, formas y perfumes.
Pero en el palacio moraban la tristeza y la aflicción. La Reina yacía enferma en su lecho, y los médicos decían que iba a morir.

-Hay un medio de salvarla, sin embargo -afirmó el más sabio de ellos-. Tráiganle la rosa más espléndida del mundo, la que sea expresión del amor puro y más sublime. Si puede verla antes de que sus ojos se cierren, no morirá.
Y ya tienen a viejos y jóvenes acudiendo, de cerca y de lejos, con rosas, las más bellas que crecían en todos los jardines; pero ninguna era la requerida. La flor milagrosa tenía que proceder del jardín del amor; pero incluso en él, ¿qué rosa era expresión del amor más puro y sublime?

Los poetas cantaron las rosas más hermosas del mundo, y cada uno celebraba la suya. Y el mensaje corrió por todo el país, a cada corazón en que el amor palpitaba; corrió el mensaje y llegó a gentes de todas las edades y clases sociales.

-Nadie ha mencionado aún la flor -afirmaba el sabio. Nadie ha designado el lugar donde florece en toda su magnificencia.
-Yo sé dónde florece -dijo una madre feliz, que se presentó con su hijito a la cabecera de la Reina-. Sé dónde se encuentra la rosa más preciosa del mundo, la que es expresión del amor más puro y sublime. Florece en las rojas mejillas de mi dulce hijito cuando, restaurado por el sueño, abre los ojos y me sonríe con todo su amor.

Bella es esa rosa -contestó el sabio- pero hay otra más bella todavía.
-¡Sí, otra mucho más bella! -dijo una de las mujeres-. La he visto; no existe ninguna que sea más noble y más santa. Pero era pálida como los pétalos de la rosa de té. En las mejillas de la Reina la vi. La Reina se había quitado la real corona, y en las largas y dolorosas noches sostenía a su hijo enfermo, llorando, besándolo y rogando a Dios por él, como sólo una madre ruega a la hora de la angustia.

-Santa y maravillosa es la rosa blanca de la tristeza en su poder, pero tampoco es la requerida.
-No; la rosa más incomparable la vi ante el altar del Señor -afirmó el anciano y piadoso obispo-. La vi brillar como si reflejara el rostro de un ángel. Las doncellas se acercaban a la sagrada mesa, renovaban el pacto de alianza de su bautismo, y en sus rostros lozanos se encendían unas rosas y palidecían otras. Había entre ellas una muchachita que, henchida de amor y pureza, elevaba su alma a Dios: era la expresión del amor más puro y más sublime.

-¡Bendita sea! -exclamó el sabio-, mas ninguno ha nombrado aún la rosa más bella del mundo.
En esto entró en la habitación un niño, el hijito de la Reina; había lágrimas en sus ojos y en sus mejillas, y traía un gran libro abierto, encuadernado en terciopelo, con grandes broches de plata.

-¡Madre! -dijo el niño-. ¡Oye lo que acabo de leer!-. Y, sentándose junto a la cama, se puso a leer acerca de Aquél que se había sacrificado en la cruz para salvar a los hombres y a las generaciones que no habían nacido.

-¡Amor más sublime no existe!
Se encendió un brillo rosado en las mejillas de la Reina, sus ojos se agrandaron y resplandecieron, pues vio que de las hojas de aquel libro salía la rosa más espléndida del mundo, la imagen de la rosa que, de la sangre de Cristo, brotó del árbol de la Cruz.

-¡Ya la veo! -exclamó-. Jamás morirá quien contemple esta rosa, la más bella del mundo.
 
 
Pregunta del Concurso ¿Cuánto cuento comprendiste?:
¿Cual es para tí la rosa más bella del mundo?
 

lunes, 3 de febrero de 2014

2do Cuento del Concurso ¿Cuánto cuento comprendiste?


El Gato con Botas (Hermanos Grimm)

Érase una vez un molinero que tenía tres hijos, su molino, un asno y un gato. Los hijos tenían que moler, el asno tenía que llevar el grano y acarrear la harina y el gato tenía que cazar ratones. Cuando el molinero murió, los tres hijos se repartieron la herencia. El mayor heredó el molino, el segundo el asno y el tercero el gato, pues era lo único que quedaba.

Entonces se puso muy triste y se dijo a sí mismo:

«Yo soy el que ha salido peor parado. Mi hermano mayor puede moler y mi segundo hermano puede montar en su asno, pero ¿qué voy a hacer yo con el gato? Si me hago un par de guantes con su piel, ya no me quedará nada.»

-Escucha -empezó a decir el gato, que lo había entendido todo-, no debes matarme sólo por sacar de mi piel un par de guantes malos. Encarga que me hagan un par de botas para que pueda salir a que la gente me vea, y pronto obtendrás ayuda.

El hijo del molinero se asombró de que el gato hablara de aquella manera, pero como justo en ese momento pasaba por allí el zapatero, lo llamó y le dijo que entrara y le tomara medidas al gato para confeccionarle un par de botas. Cuando estuvieron listas el gato se las calzó, tomó un saco y llenó el fondo de grano, pero en la boca le puso una cuerda para poder cerrarlo, y luego se lo echó a la espalda y salió por la puerta andando sobre dos patas como si fuera una persona.

Por aquellos tiempos reinaba en el país un rey al que le gustaba mucho comer perdices, pero había tal miseria que era imposible conseguir ninguna. El bosque entero estaba lleno de ellas, pero eran tan huidizas que ningún cazador podía capturarlas. Eso lo sabía el gato y se propuso que él haría mejor las cosas. Cuando llegó al bosque abrió el saco, esparció por dentro el grano y la cuerda la colocó sobre la hierba, metiendo el cabo en un seto. Allí se escondió él mismo y se puso a rondar y a acechar. Pronto llegaron corriendo las perdices, encontraron el grano y se fueron metiendo en el saco una detrás de otra. Cuando ya había una buena cantidad dentro el gato tiró de la cuerda, cerró el saco corriendo hacia allí y les retorció el pescuezo. Luego se echó el saco a la espalda y se fue derecho al palacio del rey.

La guardia gritó:

-¡Alto! ¿Adónde vas?

-A ver al rey -respondió sin más el gato.

-¿Estás loco? ¡Un gato a ver al rey!

-Dejen que vaya -dijo otro-, que el rey a menudo se aburre y quizás el gato lo complazca con sus gruñidos y ronroneos.

Cuando el gato llegó ante el rey, le hizo una reverencia y dijo:

-Mi señor, el conde -aquí dijo un nombre muy largo y distinguido- presenta sus respetos a su señor el rey y le envía aquí unas perdices que acaba de cazar con lazo.

El rey se maravilló de aquellas gordísimas perdices. No cabía en sí de alegría y ordenó que metieran en el saco del gato todo el oro de su tesoro que éste pudiera cargar.

-Llévaselo a tu señor y dale además muchísimas gracias por su regalo.

El pobre hijo del molinero, sin embargo, estaba en casa sentado junto a la ventana con la cabeza apoyada en la mano, pensando que ahora se había gastado lo último que le quedaba en las botas del gato y dudando que éste fuera capaz de darle algo de importancia a cambio. Entonces entró el gato, se descargó de la espalda el saco, lo desató y esparció el oro delante del molinero.

-Aquí tienes algo a cambio de las botas, y el rey te envía sus saludos y te da muchas gracias.

El molinero se puso muy contento por aquella riqueza, sin comprender todavía muy bien cómo había ido a parar allí. Pero el gato se lo contó todo mientras se quitaba las botas y luego le dijo:

-Ahora ya tienes suficiente dinero, sí, pero esto no termina aquí. Mañana me pondré otra vez mis botas y te harás aún más rico. Al rey le he dicho también que tú eras un conde.

Al día siguiente, tal como había dicho, el gato, bien calzado, salió otra vez de caza y le llevó al rey buenas piezas.

Así ocurrió todos los días, y todos los días el gato llevaba oro a casa y el rey llegó a apreciarlo tanto que podía entrar y salir y andar por palacio a su antojo.

Una vez estaba el gato en la cocina del rey calentándose junto al fogón, cuando llegó el cochero maldiciendo:

-¡Que se vayan al diablo el rey y la princesa! ¡Quería ir a la taberna a beber y a jugar a las cartas, y ahora resulta que tengo que llevarles de paseo al lago!

Cuando el gato oyó esto, se fue furtivamente a casa y le dijo a su amo:

-Si quieres convertirte en conde y ser rico, sal conmigo y vente al lago y báñate.

El molinero no supo qué contestar, pero siguió al gato. Fue con él, se desnudó por completo y se tiró al agua. El gato, por su parte, tomó la ropa, se la llevó de allí y la escondió. Apenas terminó de hacerlo, llegó el rey y el gato empezó a lamentarse con gran pesar:

-¡Ay, clementísimo rey! ¡Mi señor se estaba bañando aquí en el lago y ha venido un ladrón que le ha robado la ropa que tenía en la orilla, y ahora el señor conde está en el agua y no puede salir, y como siga mucho tiempo ahí, se resfriará y morirá!

Al oír aquello, el rey dio la voz de alto y uno de sus siervos tuvo que regresar a toda prisa a buscar ropas del rey. El señor conde se puso las lujosísimas ropas del rey y, como ya de por sí el rey le tenía afecto por las perdices que creía haber recibido de él, tuvo que sentarse a su lado en la carroza. La princesa tampoco se enfadó por ello, pues el conde era joven y bello y le gustaba bastante.

El gato, por su parte, se había adelantado y llegó a un gran prado donde había más de cien personas recogiendo heno.

-Eh, ¿de quién es este prado? -preguntó el gato.

-Del gran mago.

-Escuchen: el rey pasará pronto por aquí. Cuando pregunte de quién es este prado, contesten que del conde. Si no lo hacen, morirán todos.

A continuación el gato siguió su camino y llegó a un trigal tan grande que nadie podía abarcarlo con la vista. Allí había más de doscientas personas segando.

-Eh, gente, ¿de quién es este grano?

-Del mago.

-Escuchen: el rey va a pasar ahora por aquí. Cuando pregunte de quién es este grano, contesten que del conde. Si no lo hacen, morirán todos.

Finalmente el gato llegó a un magnífico bosque. Allí había más de trescientas personas talando los grandes robles y haciendo leña.

-Eh, gente, ¿de quién es este bosque?

-Del mago.

-Escuchen: el rey va a pasar ahora por aquí. Cuando pregunte de quién es este bosque, contesten que del conde. Si no lo hacen así, morirán todos.

El gato continuó aún más adelante y toda la gente lo siguió con la mirada, y como tenía un aspecto tan asombroso y andaba por ahí con botas como si fuera una persona, todos se asustaban de él.

Pronto llegó al palacio del mago, entró con descaro y se presentó ante él. El mago lo miró con desprecio y le preguntó qué quería. El gato hizo una reverencia y dijo:

-He oído decir que puedes transformarte a tu antojo en cualquier animal. Si es en un perro, un zorro o también un lobo, puedo creérmelo, pero en un elefante me parece totalmente imposible, y por eso he venido, para convencerme por mí mismo.

El mago dijo orgulloso:

-Eso para mí es una minucia.

Y en un instante se transformó en un elefante.

-Eso es mucho, pero ¿puedes transformarte también en un león?

-Eso tampoco es nada para mí -dijo el mago, que se convirtió en un león delante del gato.

El gato se hizo el sorprendido y exclamó:

-¡Es increíble, inaudito! ¡Eso no me lo hubiera imaginado yo ni en sueños! Pero aún más que todo eso sería si pudieras transformarte también en un animal tan pequeño como un ratón. Seguro que tú puedes hacer más cosas que cualquier otro mago del mundo, pero eso sí que será imposible para ti.

El mago, al oír aquellas dulces palabras, se puso muy amable y dijo:

-Oh, sí, querido gatito, eso también puedo hacerlo.

Y, dicho y hecho, se puso a dar saltos por la habitación convertido en ratón. El gato lo persiguió, lo atrapó de un salto y se lo comió.

El rey, por su parte, seguía paseando con el conde y la princesa y llegó al gran prado.

-¿De quién es este heno? -preguntó el rey.

-¡Del señor conde! -exclamaron todos, tal como el gato les había ordenado.

-Ahí tienes un buen pedazo de tierra, señor conde -dijo.

Después llegaron al gran trigal.

-Eh, gente, ¿de quién es este grano?

-Del señor conde.

-¡Vaya, señor conde, grandes y bonitas tierras tienes!

A continuación llegaron al bosque.

-Eh, gente, ¿de quién es este bosque?

-Del señor conde.

El rey se quedó aún más asombrado y dijo:

-Tienes que ser un hombre rico, señor conde. Yo no creo que tenga un bosque tan magnífico como éste.

Al fin llegaron al palacio. El gato estaba arriba, en la escalera, y cuando la carroza se detuvo bajó corriendo de un salto, abrió las puertas y dijo:

-Señor rey, ha llegado al palacio de mi señor, el señor conde, a quien este honor le hará feliz para todos los días de su vida.

El rey se apeó y se maravilló del magnífico edificio, que era casi más grande y más hermoso que su propio palacio. El conde, por su parte, condujo a la princesa escaleras arriba hacia el salón, que deslumbraba por completo de oro y piedras preciosas.

Entonces la princesa le fue prometida en matrimonio al conde, y cuando el rey murió se convirtió en rey. Y el gato con botas, por su parte, en primer ministro.
 
Pregunta del Concurso ¿Cuánto cuento comprendiste?
1.- ¿Qué es un mago?
 
Puedes responder dejando tu comentario en este entrada o enviando un correo a bibliotecaciem@gmail.com
 
 
 

PRIMER TALLER DE NARRACIÓN ORAL


Por David Morán

 

     El pasado viernes 31 de Enero de 2014 se realizó en la Biblioteca “Miguel Otero Silva” el primer taller de Narración Oral dirigido a padres, representantes y maestros de la comunidad del Colegio Integral “El Manglar”.

     Las profesoras Natalia Mingotti, Carla Boscan y Maria Fabiana Santaella brindaron un acercamiento a las nociones del cuento y de la narración oral, desde sus conocimientos adquiridos en esta área así como desde sus experiencias en el aula de clases.

     La actividad forma parte de un programa de formación permanente dirigido a la promoción de la lectura y la escritura en la comunidad manglareña y contó con la participación de veinte (20) asistentes aproximadamente.

     En las próximas semanas se realizaran nuevas actividades para darle continuidad a esta iniciativa por lo cual invitamos a toda la comunidad del Colegio Integral “El Manglar” a participar.
 
 
 

jueves, 16 de enero de 2014

Concurso de Lectura: ¿Cuánto Cuento comprendiste?


Por david Morán
    
     Como parte de las diversas actividades formativas y recreativas orientadas a estimular la lectura y la creatividad en la comunidad del Colegio Integral el Manglar, la Biblioteca “Miguel Otero Silva” invita  al concurso de lectura ¿Cuánto cuento comprendiste?

     ¿Cuánto cuento comprendiste? consiste en responder de forma correcta todas las interrogantes planteadas después de la lectura de un cuento, que encontraras en el blog de la Biblioteca www.bibliotecaciem.blogspot.com y que deberás revisar semanalmente. Las repuestas se escribirán en la sección de comentarios encontradas al final de la entrada y se publicará un (1) cuento semanal durante diez (10) semanas.  Las personas que acierten todas las  respuestas luego de las diez (10) semanas serán los ganadores del concurso y recibirán un premio sorpresa.

     Este concurso está abierto para que participe toda la comunidad manglareña!

 

1er Cuento del Concurso ¿Cuánto cuento comprendiste?

 
El Flautista de Hamelín

En un pueblito de nombre Hamelín se habían instalado, siendo dueños y señores, todos los ratones habidos y por haber, arrasando con la comida de todos sus habitantes.

Esto se debía a que Hamelín estaba dirigido por una Reina muy tacaña, que no quería hacer ningún gasto para poner remedio a la invasión de ratones.

-¡Esto es terrible, se llevan mi propia comida!

La Reina, cuando vio que los ratones habían llegado a su palacio, mandó llamar a un jovencito que tenía fama de hacer desaparecer los roedores con ayuda de su flauta.

-¡Yo, Reina de Hamelín, te prometo una bolsa de oro si consigues librarme de esos come quesos!

-¡Así lo haré! -contestó el muchachito, haciendo sonar su flauta.

Los ratones, hechizados por el mágico sonido, lo siguieron hasta el río cercano, donde todos subieron a una balsa y se perdieron en la distancia.

El flautista, después de haber dejado a Hamelín sin ningún ratón, fue con la Reina para recibir su recompensa. Pero la Reina, que era muy codiciosa, no quiso cumplir con su promesa.

-¡No creo deberte nada, fuera de mi reino!

-¡Eres muy injusta y por eso me vengaré! -dijo el caballero muy enojado.

Entonces hizo sonar la flauta y todos los niños del pueblo lo siguieron, escuchando su sonido.

Se los llevó a una montaña y los encerró en una gran cueva, desconocida por todo el mundo. Así se vengó de aquella reina tan mentirosa y mala.

Pasaron varios meses y Hamelín se transformó en un pueblo triste, sin las risas y la alegría de los niños; hasta las flores tenían el color pálido de tanta tristeza.

Todos los padres de los niños marcharon juntos al castillo para reclamarle a la Reina, pidiéndole que pagara al flautista la deuda, porque no querían quedarse sin sus amados hijos.

La Reina no tuvo más remedio que pagar al flautista, y entonces todos los niños regresaron a sus hogares, trayendo con ellos nuevamente la felicidad al reino.

Desde ese momento, aquella Reina cumplió siempre sus promesas.

 

CUENTO ANÓNIMO

 

  

Pregunta del Concurso ¿Cuánto cuento comprendiste?

1.- ¿Dónde podemos ubicar el pueblo llamado Hamelín?

La respuesta la escribes en la sección comentarios o la puedes enviar al correo electrónico bibliotecaciem@gmail.com
 
 
 
 
 

miércoles, 8 de enero de 2014

¿Qué hacemos en nuestra Biblioteca?

                                                                                                             Por David Morán


 
 
     Desde el Colegio Integral El Manglar, a través de su Biblioteca “Miguel Otero Silva” se promueven actividades recreativas y formativas orientadas a brindar herramientas pedagógicas e integrales a nuestros alumnos.

     Pretendemos desarrollar la lectura, la escritura y el arte en general, durante todo el año escolar, tanto en los horarios propios de biblioteca como en los momentos libres y recreos, atendiendo a los siguientes objetivos básicos:

-          Lecturas grupales e individuales de narraciones (cuentos, fabulas, leyendas), poemas, ensayos,  con la finalidad de promover el conocimiento de los diversos géneros literarios y la lectura. (Participan todas las secciones).

-          Lecturas grupales e individuales de narraciones de tipo didáctica (fabulas, mitos, leyendas y cuentos) con la finalidad de  identificar los valores y fortalezas que sobresalen de los personajes. (Participan todas las secciones)  

-          Lecturas grupales, clases y contrastes de opiniones con la intención de formar a nuestros alumnos en temas relacionados con las principales técnicas de investigación, la elaboración y redacción de fichas y resúmenes, la elaboración de citas, el conocimiento de reglas y normas básicas para la redacción de monografías y otros trabajos escritos. (Participan desde tercer grado de básica hasta bachillerato).    

-          Realizar el programa mensual de formación de lectura y difusión literaria conocido como la Semana de la Palabra,  actividad creativa, cuya temática puede ser dedicadas a la poesía, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo, la canción o cualquier otra expresión artística que se manifieste a través de la palabra y cuyo vehículo de transmisión sea un libro.

-          Incentivar la escritura y el desarrollo de la imaginación a través de la redacción de textos literarios y la elaboración de dibujos sobre los diferentes libros leídos.

-          Promover la escritura y la creatividad a través de concursos literarios y artísticos.
 

     Desde la Biblioteca “Miguel Otero Silva” extendemos la invitación a padres y representantes, docentes y comunidad en general, que quieran sumarse a estas actividades.
 
 
 


jueves, 19 de diciembre de 2013


 







De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús
José Rafael Pocaterra
Adaptación: Fedosy Santaella
 



Era un niño alegre, feliz, una flor que creció sobre el asfalto. Corría alegre calle abajo, calle arriba con su fuerza y su energía de nueve años. Vestía con una chaqueta de bolsillos profundos que se encontró por ahí, y cargaba un bolsito pequeño donde metía sus más preciados objetos: trompos, cordeles, chapitas, un carrito de plástico; tonterías que cuando las ponía a jugar con su imaginación lo alejaban de las noches frías y de los días de lluvia, y de hambre y de la soledad de las calles de la gran capital, de la Caracas que nunca se acaba.
Hasta cerca de medianoche estuvo dando vueltas por la ciudad, vendiendo sus boletos en las grandes avenidas, frente a las puertas de los hoteles más lujosos y de los cines de moda y en el bulevar de Sabana Grande, gritando todo el tiempo, chillón, desvergonzado, alegre:
- Aquí lo cargooo… ¡El boleto que nunca falla ni fallando, el boleto ganador, el archipetaquiremandefuá…!
El día fue bueno, pues logró vender todos los boletos, y ahora Panchito se comía feliz una arepa con lo que le tocaba de las ventas. Allí estaba, dándose el gusto, apartado de aquellos que no precisamente andaban pendientes de comer, sino más bien de meterse en los bares y ponerse incluso groseros y peleones. Pero él estaba tranquilo, mientras comía su arepa de carne mechada y le echaba una mirada al periódico del día. Porque sí, Panchito había ido alguna vez a la escuela y había aprendido a leer. Después, cuando su mamá lo sacó a la calle a pedir, él tuvo que dejar de estudiar. Eso sí, como pedir limosna no le gustaba, se dio a la tarea de buscar trabajo.
Panchito quiso vender periódicos, pero no le resultó. Los encargados le quitaron la venta porque le ponía la famosa frase <<mandefuá>> a las más graves noticias de la guerra, a los accidentes de tránsito y a las denuncias de corrupción política:
- Mira, hijito - le dijeron - mejor es que no saques el periódico. Tú eres muy <<mandefuá>>, y eso es demasiado para nosotros.
Porque así es. Panchito tenía apellido, y éste era Mandefuá, apellido original y hermoso que le gustaba más que el verdadero (que nunca usaba) porque era obra de él mismo. Llevaba aquel Mandefuá con tanto orgullo como cualquier príncipe su nombre, apellidos y títulos de nobleza, y así andaba diciéndole a todos que él era, nada más y nada menos que Panchito Mandefuá. Pero Panchito era menos ambicioso que un príncipe, y se conformaba con su arepa y su trabajo de vendedor de boletos de lotería.
- Éste sí es el ganador, un boleto bien mandefuá - decía.
Ah, pero también tenía sus gustos. Entre sus placeres más refinados estaba ir a la una de la tarde, siempre por la sombra de los edificios, a situarse perfectamente bajo la oreja de un señor gordo, lento y pacífico. Era uno de esos empleados de ministerio que se sentaba en un banquito de la plaza después del almuerzo, a ver pasar el mundo con toda su paciencia.
- ¡Éste es el boleto ganador, un boleto bien mandefuá! - gritaba con todas sus ganas.
- ¡Muchacho, que siempre me gritas al oído!
Y Panchito, echando a correr, le volvía a gritar:
- ¡Éste es el boleto premiado, me lo debería comprar, maestro!
También le gustaba ir al cine, pero hacía tiempo que no lo dejaban entrar aunque tuviera la plata, porque ahí mismo le adivinaban que era un niño de la calle y le ponían mala cara. ¡Qué mala suerte la de Panchito Mandefuá! que, sin embargo, feliz de la vida, les gritaba al alejarse:
- ¡Pues tampoco quería verla!
¡Porque para que a mí me guste una película debe ser muy crema, muy archipetaquiremandefuá!
Panchito iba una tarde calle arriba pregonando un número premiado como si lo estuviese viendo por adelantado, y de pronto se detuvo ante una rueda niños. Venía distraído contemplando una vidriera donde se exhibían aeroplanos, barcos, una caja de soldados, un automóvil y una bicicleta… Y de paso estuvo un rato contemplando la vidriera de un café llamado La India, a través de la cual se exhibían pirámides de bombones, pastelitos y unos dulces brillantes como estrellas.
Pero volvamos al momento. En medio de aquella rueda de muchachos alborotados, vio a una muchachita sucia que lloraba mientras contemplaba regada en la acera una bandeja de dulces. Como moscas, cinco o seis granujas se habían lanzado sobre los ponqués y los fragmentos de quesillo llenos de polvo. La niña lloraba desesperada, pues temía un castigo.

Panchito estaba de buen humor: había vendido muchos boletos. Con ese dinero había podido comer, y hasta comprar dulces. Y con el dinero que le quedaba había planeado ir al circo, puesto que allí sí lo dejaban entrar, y hasta comería hallacas y pan de jamón. Con ese dinero iba a pasar una Nochebuena excelente.
Así que con su buen humor a cuestas, Panchito se acercó a la pobre muchacha, que lloraba, mientras los granujas seguían comiendo sus dulces y chupándose los dedos…
Llegó un agente de la policía y todos corrieron, menos ellos dos.
-¿Qué fue, qué pasó? ¿Cuál es el desorden?
La niña respondió toda desconsolada:
- Que yo llevada esta bandeja para la casa donde sirvo, que hay cena allá esta noche, y me tropecé y se me cayó y me pueden echar…
Algunos transeúntes detenidos se encogieron de hombros y continuaron.
- Bueno, bueno, sigan su camino, pues - les ordenó el policía.
Panchito se fue detrás de la llorosa.
- Oye, ¿Cómo te llamas tú?
La niña se detuvo a su vez, secándose el llanto.
-¿Yo?, Margarita.
-¿Y ese dulce era de tu mamá?
-Yo no tengo mamá.
-¿Y papá?
- Tampoco.
-¿Con quién vives tú?
-Vivía con una tía que me consiguió el trabajo en la casa en que estoy.
-¿Y trabajas? ¿Te pagan?
-¿Me pagan qué?
Panchito sonrió con ironía, con superioridad.
- Gua, tu trabajo. Al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías?
Margarita entonces protestó vivamente:
- Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.
-¿Qué te enseña?
- A leer… Yo sé leer,¿tú no sabes?
Y Panchito dijo orgulloso, aunque en el fondo aquello de leer no le parecía gran cosa:
- Uf, claro, sé leer de todo. Leo periódicos, revistas, los carteles que están pegados en las paredes y hasta libros. También sé vender billetes de lotería y gano para ir al circo y comer las arepas que me gustan.
- Está bien, pero yo no tengo dinero, y se me cayeron todos los dulces de la bandeja - dijo con tristeza la niña, bajando la cabecita enmarañada.
-¿Y cuánto botaste?
- ¡Uy, mucho dinero! - y le alargó un papelito sucio donde se veía lo que habían costado los dulces.
En el rostro de Panchito se dibujó una gran sonrisa, le quitó la bandeja a Margarita y dijo:
- ¡Espérate, no te muevas, ya vengo! - Y echó a correr.
Un cuarto de hora más tarde volvió:
- Mira: esto fue lo que se te cayó,¿no es así?
Los ojitos de la niña brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia. Estaba feliz.
- ¡Sí… eso!
Fue a tomar la bandeja, pero él la detuvo:
- ¡No! Yo tengo más fuerza, yo te la llevo.
- Es que es lejos - dijo tímida.
- ¡No importa!
Panchito le contó que él tampoco tenía familia, que le encantaba ver películas de detectives y que podrían comerse un dulce juntos.
- Yo tengo dinero, ¿sabes? - Y sacudió el bolsillo de su chaqueta, donde sonaron las monedas.
Y los dos pequeños se echaron a andar.
Apenas si se dieron cuenta de que llegaban, de tan entretenidos que iban comiendo dulce.
- Aquí es. Dame - dijo la niña.
Panchito le entregó la bandeja. Se quedaron viéndose a los ojos:
-¿Como te pago yo? - preguntó Margarita con tristeza tímida.
Panchito se puso colorado y balbuceó:
- Si me das un beso.
- ¡No, no! ¡Es malo!
- ¿Por qué?...
- Gua, porque sí…
Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un par de besos llenos de travesura y del dulce que compartían.
- ¡Mira que grito si me vuelves a besar! - dijo ella, roja como una rosa. De la emoción, por poco tira otra vez la dichosa bandeja llena de dulces.
- Ya está, pues, ya está. No te voy volver a besar - dijo Panchito.
De repente se abrió la puerta de la casa donde vivía Margarita. Un rostro de solterona fea y vieja apareció.
- Muy bonito. El par de vagabundos éstos! - dijo enojada la doña. El chico echó a correr. A su espalda, la señora regañaba a la niña mientras la metía a la casa.
- Pero Dios mío, ¡qué criaturas éstas que no tienen edad y ya están pensando en darse besos!
Ahora le quedaba el dinero justo para el circo y para la cena. No le sobrarían más monedas para el día siguiente. Nada más le alcanzaría para la Nochebuena, y es que después de pagar los dulces de la niña… ¡Quién lo mandaba a estar ayudando a nadie!
Sin embargo, a pesar de la tristeza, de que no podría guardar para después, Panchito sentía una loca alegría interior. No olvidaba, en medio de su desastre financiero, los ojos mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos! El día de gastar se gasta lo que hay que gastar, así de lo más archipetaquimandefuá.
A las nueve salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas, un juguito, un café con leche, tostadas de chicharrón, un pan de jamón. ¡Su famosa cena!

Cuando cruzaba en una esquina, se escuchó un cornetazo brusco, un golpe de viento fuerte, y Panchito Mandefuá ya no estaba en la esquina dando un salto vivaz o siquiera en pie. No, Panchito ya no caminaba, ya no estaba ni siquiera en este mundo…
- ¿Qué pasó? ¿Qué pasó allí? - preguntaron unos transeúntes.
- Que un auto atropelló a un muchacho de la calle…
- ¿Quién?, ¿Cómo se llama?
- ¡No sé su nombre! - informó alguien -. Pero yo lo he visto, eso sí. Era un muchacho de esos que venden lotería.
En otra parte, lejos de allí, Panchito Mandefuá andaba con su chaqueta, ahora toda brillante, magnífica, como recién salida de la lavandería.
Se le veía feliz, sonriente.
¡Pero claro! Se había ido a cenar al cielo, invitado por el Niño Jesús.

José Rafael Pocaterra. Insigne narrador venezolano. "De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús" forma parte de su libro emblemático Cuentos grotescos. Este relato es un clásico dentro de la literatura venezolana.
Fedosy Santaella. Puerto Cabello, Carabobo, 1970. Licenciado en Letras. Ha publicado Cuentos de cabecera (2001), El elefante (2005), Postales sub sole (2006) ,Rocanegras (2007). Premio Bienal Pocaterra en Narrativa. 2006.
La adaptación del cuento forma parte de la serie editada por Santillana titulada: Cuentos de Navidad.